martes, 16 de agosto de 2011

¡Escúchennos!

Y se rompió el círculo; representantes de secundarios, luego de una jornada en Copiapó, deciden sentarse con el gobierno a conversar, pero con la única condición de revisar las propuestas de dichos representantes. Hemos demostrado que sí tenemos la intención de dialogar, a pesar de lo que dicen muchos políticos y líderes de opinión. Y por favor, escúchennos, porque este movimiento tiene mucho que decir, y no sólo con petitorios o con palabras. Escúchennos, porque este movimiento ha despertado algo más que el diálogo sobre un sistema educativo de pésima calidad, sino que ha sacado a flote un profundo descontento ciudadano con un país que se rige por un sistema que de a poco se estanca y se queda añejo. Un sistema que ha excavado una brecha enorme entre quien vive en Pudahuel y quien vive en Providencia, un modelo que mide la felicidad con un porcentaje de utilidades y P.I.B, que promueve el consumismo y vende alegría en una botella de Coca-cola y deja los abrazos de lado.


Y decimos esto, porque esas familias que salieron a los cacerolazos no sólo están cansadas de la mala educación de nuestro país, sino que están cansadas de hacer filas en los consultorios, de tener poca protección laboral y social, de un mal diseñado sistema de transporte público, de habitar –sin culpa– viviendas indignas sólo por el hecho de haber nacido en un lugar o en otro. Están cansadas de una clase política que no las escucha y que están más preocupados de un modelo u otro, de una idea u otra y no de aquellos que representan. Entre ellos nosotros, los que gritamos juntos que una mejor educación puede romper el círculo de la pobreza, decimos ‘juntos’ porque nos movemos los de distintos colores políticos, los estudiantes de instituciones privadas, públicas y subvencionadas. Adultos, jóvenes, ricos, pobres, profesores, alumnos, mamás, papás y hermanos.


Entonces, nos preocupa una prensa que muestra a una minoría de jóvenes violentos e inconscientes y no los bailes e intervenciones artísticas. Nos preocupa un gobierno que al parecer es igual de inconsciente: Esos vándalos lo más seguro es que lo único que conocen es la violencia, la droga, la tristeza y la miseria. Un gobierno que nos trata de intransigentes y que creen poseer la razón, pero no ven que sus propias encuestas demuestran lo contrario. Un gobierno que al parecer le da miedo llevar a cabo esas soluciones que todos aprueban: Desmunicipalización, reforma tributaria, carrera y estatuto docente, entre otras. Un gobierno que no es querido y una oposición que al parecer espera silenciosamente votos, la cual se ha pronunciado más para desacreditar, que para construir. Lo que pedimos va más allá de una ideología u otra, es un grito desgarrado por un país con menor desigualdad y más felicidad genuina. Un Chile que quiere ser escuchado, que quiere transformarse.

¿Por qué todavía no se dan las respuestas que la ciudadanía espera? ¿Hasta cuándo continuaremos viendo el nivel de desigualdad educativa entre instituciones que pertenecen al mismo país? ¿O de desigualdad en general? ¿Cuándo nos escucharán de verdad?.

No elegimos un modelo u otro, muchos queremos dialogar. Y bien nos llaman soñadores: Del bien común; de un país donde un alumno de colegio público tenga las mismas oportunidades que uno de colegio particular pagado; donde la educación se base en la entrega de valores y conocimientos, no en cómo captar más alumnos por dinero. Estamos aburridos de la competencia. Por favor, escuchen a esas familias que han enviado con dificultad a sus hijos a la universidad, y que luego lloran llenas de dolor al ver cerradas sus puertas, porque la deuda en la que entran es igual o más grande que el esfuerzo puesto para ver surgir a sus hijos.

No estamos pensando sólo en nosotros, estamos pensando en las futuras generaciones. Porque ellas y todos, del sector que sean, merecemos y somos dignos de una educación de calidad, educación que todos sabemos es motor de oportunidades y real desarrollo. De personas, no de números.

Escúchennos, porque no somos una tropa de intransigentes e inútiles subversivos, sino que somos soñadores de un Chile igualitario y justo, que sueñe, pero no con falso progreso, sino que con la felicidad de su pueblo.

Constanza Carvajal Lizama, Colegio San Luis Beltrán, Pudahuel.




*Créditos a Sebastián Poblete, quién corrigió y cooperó con el texto, del Colegio San Ignacio de El Bosque