miércoles, 15 de junio de 2011

Carta a la federación de estudiantes universitarios

Queridos compañeros:


No desmayéis un solo instante en esta hermosa labor de despertar a la juventud; mañana recordaremos estos días de entusiasmo como lo mejor de nuestra vida y quizás este recuerdo prolongue nuestro vigor y retarde para nosotros la hora de la vejez.


Nuestro gesto es sólo un gesto de afirmación magnifica. Existimos y queremos probarlo. En medio de la baba gaseosa que se respira en el ambiente chileno, en medio de la piara estúpida y taciturna que enmienda de mediocridad nuestra vida cotidiana, hemos lanzado un grito y es preciso que este grito, reflejo de todos nuestros anhelos, se condense en el espacio como la nebulosa que forma un sol de primera magnitud.


Somos los apóstoles de un Cristo invisible, de un Cristo abstracto a la juventud. Convirtamos en realidad este abstracto, realicémoslo, como aquel que ansiara realizar un sueño. Es posible que muchos quieran crucificarlos, es posible que lo crucifiquen, pero antes de la crucificción tenemos treinta y tres años para sembrar.


Jóvenes, seamos jóvenes, seamos dinámicos, seamos enérgicos, seamos puros, desinteresados y dispuestos al sacrificio. Sacudamos esta apatía de buey durmiente que adormece hasta el paisaje de primavera con su sola presencia.


Ayer uno de vosotros decía que yo he sido siempre como una descarga eléctrica, que soy un despertador. Esa frase me basta como recompensa, es el mejor elogio al que puedo aspirar y si realmente he logrado sacudir el adormecimiento de siesta española que nos caracteriza, podré volver a Europa pensando que valía la pena haber venido a la patria, pues he realizado en ella algo grande.


¡Hicimos nacer la juventud!


Ninguno de vosotros, vaya donde vaya, podrá olvidar jamás estos momentos de lucha, de fiebre fecunda, en que vuestros ojos se iluminaban de fe, vuestros ojos de apóstoles del Cristo abstracto.


Por favor, amigos, no desmayéis. Nada nos importa el triunfo, pues sólo queremos afirmar esto: no creemos en ellos, ni en su ciencia, ni en su virtud, ni en su inteligencia, ni en su experiencia.


Ellos nos han condenado a vivir en un país sin atractivos y nada interesante, han hecho de este país un país tal que el pueblo ha llegado a perder el sentido de la palabra patria y no sabe por qué debe amar su tierra.


Nuestro deber es resucitar este Lázaro, aún recién muerto, antes de que ya, podrido, tengamos que ir a buscar sus parcelas en el vientre de los gusanos.


Hagamos un país hermoso y próspero para dejarlo a nuestros hijos y que no se vean obligados a huir de estos parajes como de una tierra maldita.


Que ninguno de los sepultureros vuelvan a mostrar en la escena su cara amarillenta, con esto sólo Chile está salvado.


Salud y entusiasmo.


Vicente Huidobro.


(En: Espiga. vol. 3, 1925. Primavera)

miércoles, 8 de junio de 2011

Manifiesto

No me interesa el idioma grandilocuente de los pequeños dioses nacidos fuera de época.
Me quedo con la jerga de los pajaritos, sean gorriones, zorzales o palomas -no me interesan ni alondras ni ruiseñores-.
Me quedo con las palabras del asfalto, el barro, los mimos y los profetas apocalípticos.

domingo, 29 de mayo de 2011

Según yo Pedro Aznar la escribió para mí

Ella se perdió porque suponía lo que debería pasar.
Ella se perdió entre las palabras esperando que abran el mar.
Y siempre oyó lo que él no le decía, oía muy mal.

Ella fue y volvió por caminos ciegos, se quemó con fuego al pasar.
Ella fue y volvió ya sin compañía porque no quería cambiar.
Y siempre vio fantasmas que no había, veía muy mal.

Por hablar
Por no dormir
Por hoy vivir
en el ayer

Por guardar
dentro de sí
Por no salir
Por no perder

Ella se perdió cuando ni pensaba que la suerte estaba en impar.
Ella se perdió se metió en un viento que cortó su aliento al soplar.
Y siempre dijo lo que ella creía decía muy mal.

El día de mi cumpleaños

No he bajado del Olimpo una noche salí ensangrentada de mi madre muerta de vergüenza y dando los buenos días. No fui bañada en aguas inmortales, al contrario estuve trece días ahogada bajo un velo brillante. Nací el día de las Susanas, mientras las hojas amarillas caían. Llegue al mundo llena de pelos y una frente sin estrella, con un ramillete de esperanzas en la mano, zapatitos de algodón y ojos mirando hacia adentro. No he bajado del Olimpo, he brotado de la tierra como todos los míos, de la tierra sembrada con sudor y frío, con angustia y vino. Aquel día toqué la puerta carnosa de mi madre, después de escuchar misa y haber bailado toda la noche con los pajaritos.

martes, 10 de mayo de 2011

Agua corre por sus venas de metal

La calle está callada,

tosió todos las pisadas por la noche.

Ahora vuelve a pegar nuestros caminos a su antojo

para hacernos chocar

y creer que nos perseguimos.

Llora un poco por los atropellos

que sentirá en un rato,

lágrimas multicolores se juntan en la acera.


La calle respira por los hoyos,

luego exhala un vapor invisible por las grietas.

Después cruje

y vuelve a hundirse en el suelo.

miércoles, 4 de mayo de 2011

Desde que te conozco he pensado que eres como una casa

recuerdo en sepia de un lugar añorado.

Hueles a ropa que está guardada

y tienes sabor a hojas entre tierra húmeda.

Eres madera y soplo de viento nocturno,

cabritas saltarinas en la olla y gato ronroneante.

Desde que te conozco eres mi casa

me refugio en ti como luz en las mañanas.

Ella es un misterio

Eras tan pequeña cuando creíste perder la cabeza.
¿Acaso no te diste cuenta que estaba encadenada a tu cuello y sólo se había caído?
¿Puedes verla ahora?.

Ayer perdiste tu corazón, o eso creíste
porque está encadenado a tu cuello pero lo botaste sin notarlo.
¿No escuchas como lo arrastras junto a tus pies?.

Estás tranquila
porque sabes que la quinta esencia lo es todo.
Pero, ¿acaso eres ciega, o sorda?,
¿lo haces a propósito? ¿o no sientes?.

La respuesta es simple:
nunca recoges lo que está en el suelo.