viernes, 16 de julio de 2010

Palabras


Pomposas zumbaban alrededor,
hasta que agarré el mata-moscas y las aplasté cinco por cinco.

Anticuadas masqué toda la vida
hasta que aburrida las pegué en la mesa.
Olvidadas ellas se mantienen secas.

Coloquiales colecciono en un álbum
junto a las fotos de mi abuela muerta y ex novio flojo.

Simples dejo volar en la palomera llena de alpiste mental,
mientras se pisan y ponen huevos que como de vez en cuando.

Plagiadas escondo debajo del colchón,
y a falta de pan, mira que son buenas.

Cada tercer domingo de cada mes las dejó sueltas en la calle
para que se mezclen o escapen,
y así crear frases nuevas,
seguir en limosna de letras.

Collage


El amor compacto no tiene límites,
es un impacto en lista de espera
con desvíos a reducir la desigualdad.

Un ángel antiguo susurra en mi buen corazón
algo intenso que me hace disfrutar los hongos.

Frente a una plaza
la naturaleza se muestra chic
como un bazar de laberintos eternos.

Últimamente sueño mucho con niños en el aire,
tal vez mañana despierte y vea que el horizonte es un paraíso.
De aquellos tantos.

¿Y qué?
Este poema sobre servilletas
es una foto mía de cuando me dejo querer sin pintar.

La sonrisa me hace esperar tirada en la alfombra
mientras escucho un tango pop
y veo los tarros de conservas.

Mamá tiende la ropa
y la leche se derrama en mis besos juguetones.

Un payaso entristece a aquél señor
y hace pensar a un niño.
Las flores del baile de los duendes
hacen que la familia se duerma.

Subo a la jirafa
que me lleva a la selva de los versos.

Siento la brisa en el rostro
que me cuenta que todo esto
es víctima de lo que quiere mi mente.

Doña Cecilia


Le dí mi vida con sangre y dolor.
exhalé mis sueños en su oído mientras dormía.
Sudé día y noche para que él pudiera ser mejor.
Dejé que construyera su vida en los restos de la mía.


Sin embargo un día acepté la realidad de golpe,
unos tacones blancos caminando seguros
derrumbaron todos los castillos en el aire.

Luego te eché,
lloré,
maldije al mundo
y seguí llorando mientras rezaba por tí
por mí
por tí.

No volviste a mirarme al otro día,
a la otra semana,
al otro mes.

El bar se volvió mi casa.
Todo se sucedió tan rápido.

Cuatro disparos me despertaron,
tres noches no dormí,
dos vidas se perdieron,
una vela quemó mi orgullo.

Escrito al borde de la croquera


Quizás debería dejar de deletrear
y empezar a dibujar las palabras,
así como dices tú.

Pero si te digo que trato y trato
y aún así dejo los atardeceres
como garabatos con faltas de ortografía.

Será mejor seguir deletreando corazones
como historias mal contadas
hasta recuperar los lápiceS
y volver a pintar.